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Marta Bulwik y Liliana Olazar martabul@satlink.com Profesora en Química y Licenciada en Enseñanza de la Química. Integra de equipo del área de Ciencias Naturales del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. |
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Liliana Olazar lolazar@gmail.com Profesora en disciplinas industriales, especialidad Química y Licenciada en Enseñanza de las Ciencias con orientación en Didáctica de la Química. |
"Uno de los pilares básicos sobre los que se sustenta la acción docente, en cualquier nivel educativo, es el libro de texto. Resulta hoy por hoy incuestionable su poderosa influencia en el trabajo de aula, tanto para los profesores como para los alumnos, constituyéndose en bastantes ocasiones como el referente exclusivo del saber científico." Perales, F. Javier y Jiménez, Juan (2002), pág 369. La enseñanza de la Química es una actividad muy compleja. Tal vez porque la realidad lo es y con la química se intenta dar respuesta a múltiples interrogantes de los que se presentan a diario en diversos escenarios de la vida. Pero más complejo aún es, tal vez, enseñar la química escolar, es decir, aquella que deberían aprender en las escuelas todos los que asisten a ellas. (Izquierdo, 2005) ![]() A quienes enseñan química y escriben libros de texto les surgen una serie de preguntas: ¿qué contenidos se deberían enseñar?, ¿cuáles son los núcleos centrales de esta ciencia que los futuros ciudadanos necesitan para participar activamente en las decisiones que se toman en su barrio, en su ciudad o en su país?, ¿qué flexibilidad debería tener un texto para ser una herramienta útil también para aquellos que se interesan por estudios superiores vinculados con esta disciplina?, ¿qué contenidos de los que se aprendían tradicionalmente ya no son útiles? Planteado este gran “nudo gordiano” aparecen otros interrogantes: ¿qué se selecciona?, ¿cómo se secuencia?, ¿cuál es la propuesta que mejor facilita el aprendizaje?, ¿dónde se sitúa el delicado equilibrio entre lo “básico” que no siempre se aprende y los “últimos adelantos” que se dejan de lado por falta de tiempo, por desconocimiento o por su complejidad?, ¿cuál es la respuesta ante el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y su influencia sobre los códigos, la estética y la aparente provisionalidad de la comunicación? No hay dudas que el recurso más utilizado por el profesorado como soporte para sus clases son los libros de texto –aun en su versión fotocopiada-. Es el auxiliar primario de estudio de los alumnos, cuyo aprendizaje incluye lo teórico, lo práctico y lo lingüístico en un solo escenario. Dicho en otras palabras: se suceden el pensar, el hacer y el decir en un continuo, en una cinta de Moebius, en un sinfín que gana en profundidad y se integra cada vez más, en la medida que se avanza en su desarrollo. ![]() ¿Cómo sería un libro de Química que se adecuara a las necesidades que se plantean en las aulas argentinas hoy? Para elaborar una posible respuesta tal vez sea de utilidad puntualizar algunos aspectos que no pueden estar ausentes en un libro de Química, en nuestros días: - Una concepción de ciencia que se aleje de las visiones míticas de la Química como una actividad de personas solitarias, inaccesible al hombre “común”, carente de sentido, alejada de la realidad cotidiana, objetiva y aséptica, asociada con lo “contaminante”, “tóxico” o “aburrido”. - Una visión que revele a la Química como un producto cultural, en evolución, sin dogmas ni verdades definitivas, que se desarrolla en un contexto social determinado, integrada en un marco más amplio que incluya lo artístico, histórico, económico, comunicativo y tecnológico. - Una presentación que exponga el trabajo de los investigadores tanto en el mundo como en nuestro país; que incluya los interrogantes y las respuestas a los problemas que surgen en estos días. - Un material que ofrezca explícitamente las tres miradas sobre un fenómeno dado y que convergen en esta disciplina: lo macroscópico, lo submicroscópico y lo simbólico. - Una prosa “amigable”, adecuada al lector, con ilustraciones, cuadros, gráficos y esquemas que permita el acceso a la información con diseño, tipología y presentación pensada para los destinatarios. Un escrito que ofrezca espacios para la reflexión, la discusión el análisis y la toma de decisiones. - Un texto de ciencia escolar que incluya la enseñanza de valores para la solidaridad, el respeto a la diversidad y a la vida. Puntualizados los aspectos mencionados, es importante resaltar que cada texto lleva consigo la visión que los autores tienen acerca de las metodologías más adecuadas para enseñar los contenidos propuestos. Es decir la elección del “qué” están profundamente relacionada con el “cómo” enseñar, ya que en la medida que se desarrollan los temas, se explicitan cuestiones tales como: - ¿cómo se presenta un tema? - ¿qué concepciones alternativas tienen los alumnos, qué dificultades pueden ofrecer y cómo se trabaja a partir de ellas? - ¿cuáles son los prerrequisitos conceptuales al inicio de una unidad didáctica? - ¿en qué contexto puede utilizarse? Todo esto se evidencia en una propuesta editorial, sobre todo si se acepta que los libros deben ayudar a los alumnos en la construcción de conocimientos químicos de forma que faciliten su verbalización y propicien un avance en la comprensión y uso de los mismos.(Padilla, 2006). En función de lo expresado, se ha escrito el libro de Química de Tinta Fresca para alumnos de escuela media de diferentes distritos del país, en él se pueden encontrar once capítulos agrupados en tres partes: ![]() En cada una de ellas se encontrarán los capítulos estructurados en torno de una unidad temática que se entrama con diferentes secciones, tal como se indican en el esquema siguiente. ![]() Se han indicado algunas de las cualidades deseables que debería poseer un libro de texto de química para enseñanza media, éstas se evidencian en el libro Quí de Tinta Fresca de la siguiente manera: - Presentación de los temas que despierte interés a los estudiantes, como ocurre con la Sección Detrás de las pistas -Tratamiento de los valores enmarcados en una sociedad democrática y en la concepción de ciencia para todos los ciudadanos, presente en la Sección Nosotros podemos decidir como así también los contenidos relacionados con actitudes y valores, que se evidencia en la Sección Para reflexionar - Referencias a relaciones entre la química, la tecnología y el contexto social, aparecen en la Sección Química y tecnología. También se muestra el desarrollo científico tecnológico en nuestro país. - Inclusión de aspectos históricos y epistemológicos, se desarrollan en la Sección Así se construye la Química - Tratamiento explícito de las características de las ciencias y del trabajo de los científicos, desarrollado particularmente en el primer capítulo y que se mantiene en los siguientes. Asimismo se ofrece una visión de esta actividad como parte de la cultura (permanentes referencias a aspectos sociales, económicos, ideológicos e históricos). - Distinción entre el comportamiento macroscópico de la materia, las explicaciones que se realizan a nivel submicroscópico y la forma de representar simbólicamente estos dos niveles. En el mismo sentido se hace hincapié en el uso de modelos para explicar hechos y fenómenos, en forma constante y variada. Se enfatiza su naturaleza provisoria al explicitar la evolución de los mismos, por ejemplo, como aparece en el desplegable que acompaña al libro. - Presentación de enfoques alternativos novedosos en la elaboración de los temas abarcados, lo que permite alcanzar un equilibrio entre una presentación tradicional según la lógica de la disciplina y otra totalmente innovadora, para avanzar sobre una secuencia más adecuada a la de los lectores. Alusión permanente a hechos de la vida cotidiana y su relación con fenómenos químicos. - Propuestas de diseño y realización de actividades experimentales, de situaciones problemáticas resueltas y a resolver presentes a lo largo de todo el libro - Situaciones problemáticas integradoras al final de cada capítulo ![]() |
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