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Marcelo Raffin Marcelo Raffin es Doctor en Filosofía de la Universidad de París VIII y profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires en derechos humanos, filosofía y sociología. Coordinó el libro Derechos humanos y ciudadanía (2006) de Tinta Fresca. En este artículo propone repensar la mirada acerca del adolescente como sujeto y revalorizar su rol en la construcción de una sociedad más democrática. |
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Una de las escenas de la película La historia oficial de Luis Puenzo (1984), muestra un diálogo entre la profesora de historia -la protagonista de la historia- y un alumno que, con firmeza y rebeldía, la enfrenta con una realidad que empieza a descubrir: la represión implementada por el gobierno dictatorial en el que vivía y la implicancia de su marido en ella y la relación de su hija con esa represión. La primera reacción de la profesora es hacerlo callar, desautorizarlo, imponerse autoritariamente sobre su palabra. Este hecho, esta declaración de un adolescente frente a la represión circundante, es, sin embargo, otro de los elementos que le permiten a la profesora ir reconociendo y construyendo su historia, la historia que no podía ser oficial. Y lo hace a partir de una brusca toma de conciencia gracias a la declaración de uno de sus alumnos, de su plena noción de lo que estaba ocurriendo, de su compromiso y de su participación política. A mi entender, la idea del adolescente como sujeto de los derechos humanos implica, básicamente, las siguientes:
El adolescente como sujeto de derecho
Jurídicamente, el adolescente hasta los dieciocho años, es considerado como un “niño”. Tradicionalmente, los niños han sido tratados por el derecho como objeto de tutela particular en función de su situación de asimetría respecto de los adultos. Este tratamiento de “falta” o “carencia” implica no considerarlos como “sujetos” plenos sino disponer de ellos sin tener en cuenta su participación en el proceso de toma de decisiones o sin darles la posibilidad de defenderse y contar con todas las garantías con las que cuenta un adulto. El libro Derechos humanos y ciudadanía se ocupa específicamente de este tema en el capítulo 3 dedicado al principio de no discriminación, en las pp. 80-82. (clic aquí descargar pdf)
El adolescente como sujeto de los derechos humanos La necesaria consideración del adolescente y el niño como sujetos de derecho, lleva a la idea de ambos como sujetos plenos de los derechos humanos. Aparece aquí todo el universo de derechos humanos que niños y no niños comparten pero que, en el caso de los niños presenta, en ocasiones, un tratamiento específico. Una mención en particular merece el ejercicio de los derechos políticos. En este caso, se suelen hacer distinciones respecto de algunos de estos derechos, en función de la edad y de la pertenencia o no al Estado de que se trate. Esto quiere decir que los niños y los extranjeros, por ejemplo, no pueden ejercer en principio el derecho al voto. Sin embargo, ello llevaría a pensar los derechos políticos desde una concepción demasiado restringida. Los derechos políticos significan básicamente la participación en los asuntos públicos, en la política, en sentido amplio. Por lo tanto, pensar al adolescente como sujeto de los derechos humanos es concebirlo fundamentalmente como un sujeto activo de la construcción de una sociedad. De esta manera, un punto fundamental a tener en cuenta en este sentido, es la participación social y política de los adolescentes y los jóvenes al que se dedica un punto particular en el libro Derechos humanos y ciudadanía en las pp. 132 a 135. (clic aquí descargar pdf) En la actualidad, es frecuente escuchar que los adolescentes y los jóvenes no se interesan por la política y descreen de todo. Esta imagen es errónea puesto que adoptan distintas maneras de hacer política. De hecho son los que, estadísticamente, participan en mayor medida en las manifestaciones, marchas y movilizaciones públicas. Por ejemplo, los jóvenes fueron protagonistas en las marchas del silencio por el crimen de María Soledad Morales. También tuvieron mucha presencia en otras movilizaciones en reclamo de justicia: por el conscripto Omar Carrasco (asesinado a golpes mientras cumplía el servicio militar), por Walter Bulacio (asesinado por la policía después de ser detenido al salir de un recital), por Sebastián Bordón (muerto en circunstancias misteriosas después de haber sido detenido por la policía mientras estaba en su viaje de egresados) y por las víctimas del incendio de la discoteca “República Cromañón”. En cierta forma, como dice el juez Cançado Trindade de la Corte Interamericana de Derechos Humanos al condenar al Estado argentino en el caso de Walter Bulacio, estas prácticas socio-políticas de adolescentes y jóvenes permiten restablecer los lazos de solidaridad que unen los muertos a sus sobrevivientes, como si les estuvieran diciendo “no hagan con otros lo que hicieron con nosotros y con nuestros padres sobrevivientes, para que puedan ellos y sus hijos seguir teniendo una vida sencilla y feliz, quizás sin saberlo”. También, es necesario destacar la presencia específica de jóvenes y adolescentes en los “escraches” y “funas” realizados a represores y responsables de las dictaduras argentina y chilena de las décadas del ‘70 y el ’80 organizadas por las agrupaciones H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). (clic aquí descargar pdf)
El adolescente como pieza clave de una cultura democrática Una sociedad en la que niños, adolescentes y jóvenes no sólo son plenamente concientes de sus derechos sino también les son respetados y pueden ejercerlos efectivamente, puede comenzar a transitar los caminos de la construcción de una verdadera cultura democrática. |
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