LA IMPORTANCIA DE LAS ESTRATEGIAS DE LECTURA

Paula Roich


A partir de los problemas que presenta la enseñanza de la lectura y la escritura, la autora explicita una concepción de estos procesos y señala la necesidad de tener en cuenta su complejidad para acompañar a los alumnos en la adquisición de las habilidades que les permitan disfrutar y utilizar la lectura en forma crítica y autónoma.



Las actividades de lectura tradicionales

 

Durante el transcurso de la escuela primaria y secundaria y, especialmente, en la materia Lengua, es necesario que los estudiantes tomen contacto con diferentes clases de textos verbales, como los periodísticos (editorial, noticia, nota de opinión, etc.), literarios (cuentos, novelas, poesías), administrativos (solicitudes, autorizaciones, cartas), académicos (monografías, informes de lectura, investigaciones científicas), entre muchos otros.  Tradicionalmente, el abordaje de cada uno se basaba en una serie ordenada de etapas: primero se leía atentamente el texto, luego se subrayaban las “ideas principales”, más tarde se presentaba un cuestionario de comprensión lectora, se discutían oralmente los contenidos y finalmente, se estudiaba el tema a partir de la confección de un resumen. Este último debía elaborarse en función de las ideas principales contenidas en ese texto y por lo general, consistía en una copia reducida de lo que se afirmaba en cada una de las oraciones “más importantes”. En la evaluación correspondiente, la tarea del alumno consistía en contestar, ya sea en forma oral o escrita, las preguntas que el profesor efectuara. De esta manera, en las respuestas, debía reproducir el conocimiento que estaba contenido en el texto que había leído previamente.

Dificultades de comprensión y producción de textos escritos

Si bien cada una de estas tareas (incluidas en los pasos mencionados) estaba claramente delimitada, la calidad de los trabajos presentados en clase y los resultados obtenidos en los exámenes demostraron que no garantizaban la comprensión exitosa del texto leído ni tampoco su correcta exposición.  La forma de explicar estas dificultades, usualmente se centraba en comentarios del tipo “no todos tienen las mismas capacidades para comprender textos”, “el problema es la falta de conocimientos previos”, “si leyeran más a menudo, no existirían estos problemas”, “no debe haber estudiado suficiente”, o incluso en aquellos más generales como “es un problema generacional”, “los chicos de hoy miran mucha televisión”, entre muchos otros.  Es incuestionable que la falta de lectura, de estudio o de conocimientos previos acerca de diferentes temas afecta profundamente el rendimiento escolar, específicamente, la comprensión y la producción de textos escritos.  Sin embargo, dar cuenta de las dificultades mencionadas exclusivamente en estos términos presupone que con estudio, acumulación de lecturas y un bagaje de conocimientos previos se garantiza un desempeño exitoso en estas prácticas sociales. 


"Es importante promover la búsqueda y el abordaje de fuentes bibliográficas."

Frente a estas suposiciones, pueden suscitarse los siguientes interrogantes: ¿es que sólo por haber leído acerca de diferentes temas (o de uno) se tiene más posibilidades de comprender textos escritos?, ¿se entiende correctamente un texto si éste se lee en repetidas ocasiones y luego se estudia su contenido? En este sentido, cabe preguntarse también si, además de lo anterior, las actividades que se señalaron al principio son suficientes, por sí solas, para garantizar la producción y comprensión exitosa de textos verbales.  Así, si se siguen los pasos indicados, ¿podrá el alumno realizar la tarea de manera óptima?
Las dificultades de producción y comprensión de textos escritos obligan a pensar y repensar los métodos de enseñanza de la Lengua.  En este sentido, es lícito suponer que, más allá de los indiscutibles problemas que genera la falta de contacto con lo escrito, los problemas se deban también al modo en que se plantea el abordaje de textos.  Cuando se le solicita al alumno que subraye las ideas principales, por ejemplo, o que confeccione un resumen, se da por sentado que ya conoce qué es una idea principal -y por lo tanto, que podrá identificarla sin mayores inconvenientes- y que también sabe cómo se realiza una síntesis de contenidos.  Asimismo, se supone que la producción de un resumen es una tarea relativamente sencilla, que cualquier estudiante puede realizar si ha comprendido correctamente la información.

"Las dificultades de producción y comprensión de textos escritos obligan a pensar y repensar los métodos de enseñanza de la Lengua." 

Sin embargo, se debe tener en cuenta que ninguna de estas tareas es transparente o sencilla.  Un resumen, por ejemplo, es una operación de reformulación y como tal, implica la puesta en práctica de una serie de tareas complejas, tanto antes de realizarlo, esto es, durante la lectura de la información que se sintetizará, como en el momento de su escritura.  Así, una vez que el texto ha sido leído, entendido y contextualizado, se debe reconocer la macroestructura textual (el contenido global y el modo en que se organiza la información). Luego, en base a esa distribución, se confecciona por escrito el resumen, el cual requiere el manejo de diferentes operaciones de supresión, generalización y construcción.  Como puede observarse, estas operaciones no son simples y como tales, no es posible comprenderlas o conocerlas sin instrucción previa. 

Las estrategias de lectura


"Buscar información en diversos soportes es parte de una adecuada estrategia de prelectura."

 

De este modo, se hace necesario elaborar una serie de estrategias que le permitan al alumno, una vez que se ha apropiado de cada una, llevar a cabo las tareas necesarias para la comprensión lectora. Pero, ¿cómo establecer esas estrategias?, ¿de dónde partir para construirlas?, ¿en qué nos podemos basar para determinar el contenido y los objetivos de cada una de ellas?
Para orientar la búsqueda y la organización, es preciso partir de la concepción que se tiene acerca de qué es leer y qué es escribir puesto que cualquier tipo de estrategia que se pueda implementar estará estrechamente relacionada con el modo en que se conciben estas prácticas. Aquí, asumiremos que la lectura y la escritura son procesos complejos.  Esto implica que están constituidas por una serie de subprocesos que suponen la puesta en práctica de una serie de operaciones cognitivas específicas.  Desde esta perspectiva, la lectura no consiste simplemente en decodificar cada una de las palabras que el texto contiene sino que implica otra serie de procesos, que involucran aspectos que intervienen tanto antes de la lectura propiamente dicha como durante su ejecución. Entre los procesos previos, se puede mencionar la búsqueda de información sobre el autor y el contexto histórico en que fue escrita la obra y la generación de hipótesis de contenido a partir de los elementos paratextuales (título, tapa, contratapa, índice, ilustraciones, fajas, solapas, etc.), entre otros. La lectura propiamente dicha, por su parte, exige reconocer cuestiones relacionadas con la cohesión y la coherencia textual, el modo en que se ha organizado o estructurado la información (macroestructura), el reconocimiento de los modos de progresión temática (si se va de lo general a lo particular o viceversa, por ejemplo) y la relación que se pueda establecer entre la información presente en el texto y los conocimientos previos de los lectores,  tarea que permite una comprensión más profunda.

"…asumiremos que la lectura y la escritura son procesos complejos.  Esto implica que están constituidas por una serie de subprocesos que suponen la puesta en práctica de una serie de operaciones cognitivas específicas."

En consecuencia, dada la relación planteada entre estas operaciones y la comprensión lectora, es evidente que, si cualquiera de ellas se ve afectada, es esperable que también resulte afectada la comprensión del texto.
De este modo, es posible pensar el diseño de diferentes tipos de estrategias de comprensión lectora en función de cada uno de los procesos u operaciones cognitivas que intervienen en la lectura de textos escritos.  Así, cada una de ellas tenderá a desarrollar una optimización de esos procesos, ya sea para adquirir un modo apropiado de abordaje al texto como para solucionar dificultades relacionadas con el funcionamiento de una operación cognitiva particular.  De este modo, las estrategias se confeccionan como acciones específicas cuyo objetivo consiste en orientar adecuadamente la comprensión del texto. 

Una posible estrategia de comprensión lectora, por ejemplo, podría estar enfocada en el desarrollo de las acciones previas a la lectura.  Puesto que los textos nunca se producen en forma aislada sino que están insertos en un contexto, es necesario entonces guiar a los estudiantes para que busquen la información necesaria acerca del autor, la época, el movimiento artístico o literario predominante así como las totalidades de sentido hegemónicas en ese período histórico (no es lo mismo un texto escrito durante el positivismo que en la actualidad).  Asimismo, no se debe suponer que el estudiante ya sabe dónde buscar esos datos sino que es necesario indicar con precisión cómo pueden obtenerse.  Así, se promueve la búsqueda en bibliotecas o a través de Internet, por ejemplo, y esto implica no sólo un contacto con otros textos (y otros soportes) sino también una indagación sobre el modo en que éstos se clasifican y organizan en cada esfera. Por medio de estas actividades, se intenta promover la búsqueda y el abordaje de fuentes bibliográficas así como la concepción de que los textos no son entidades aisladas, independientes de las condiciones sociales en las cuales se producen, y por lo tanto, su lectura necesariamente trasciende las fronteras del propio texto e incluye tener en cuenta otros.

Los objetivos didácticos de las estrategias de lectura

En tanto los estudiantes sean conscientes de la tarea que se espera que cumplan y del tipo de habilidades que estas estrategias intentan desarrollar, es de esperar que puedan regular y controlar cada una de las actividades que están llevando a cabo.  Esto les permitirá no sólo desarrollar las competencias necesarias para una lectura eficaz sino también detectar y evaluar dificultades de comprensión lectora en el mismo momento en que se está ejecutando la lectura. Sin embargo, es muy importante que se tenga en cuenta que esta detección estará a cargo en un primer momento del maestro o del profesor.  Éste será quien descubra y revele las diversas dificultades que presenten sus alumnos y en función de ellas y de las habilidades que intenta desarrollar, confeccione actividades que incluyan estas estrategias.  A medida que los estudiantes las vayan frecuentando y elaborando, podrán integrarlas a sus esquemas cognitivos y, como consecuencia, podrán llevar a cabo una autorregulación o regulación interna de sus propios procesos cognitivos.  El objetivo que persiguen estas estrategias, entonces, consiste en brindar las herramientas necesarias para que los estudiantes desarrollen las habilidades pertinentes, las cuales, una vez que han sido internalizadas, faciliten abordar de manera autónoma y crítica la lectura de cualquier texto.    


"La interpretación de los elementos paratextuales forma parte de las estrategias del lector competente."


De este modo, en función de las estrategias de lectura, puede establecerse una distinción entre lectores eficientes y aquellos que no lo son.  Los primeros serían aquellos que conocen y manejan adecuadamente un conjunto de estrategias de lectura y por lo tanto, son capaces de detectar si están comprendiendo o no el texto (cualquiera éste sea), qué es lo que no se entiende y qué se debería desarrollar para llegar a comprender apropiadamente el contenido.  Por el contrario, los lectores no eficientes se caracterizarían por no manejar de manera sistemática o no conocer debidamente este conjunto de estrategias.  En consecuencia, no podrían determinar si están comprendiendo correctamente la información ni tampoco establecer qué tipo de habilidades deberían desarrollar para acceder a una comprensión óptima.  En este sentido, puede decirse que no participan de manera activa ni estratégica en el proceso de la lectura. 

Como ya se ha mencionado, la elaboración de estas estrategias no puede concebir que un sujeto sabe leer solo si es capaz de identificar la cadena de grafemas presentes en la hoja e inmediatamente, asignarles un significado.  Esta tarea es sólo el primer paso necesario para poder leer y entender aquello que se lee pero no es suficiente, por sí misma, para garantizar la comprensión adecuada y relativamente completa de un texto. Por el contrario, la lectura (y la escritura) es un proceso sumamente complejo que requiere de una instrucción específica, sistemática y explícita para poder ser encarada adecuadamente.  Así como para bailar correctamente una danza determinada es necesario aprender cada uno de sus movimientos y pasos, y practicarlos luego en numerosos ensayos, para leer un texto se deben incorporar las tácticas pertinentes y ejercitarlas en repetidas ocasiones. Si queremos que la posibilidad de comprender adecuadamente textos escritos no sea patrimonio exclusivo de aquellos que parecen tener una habilidad natural, la escuela debe brindar los medios necesarios para que las prácticas de lectura se extiendan a todas las personas y así puedan ser apropiadas y elaboradas en profundidad.  Si bien existen factores sociales, culturales y personales que restringen la posibilidad de garantizar una lectura eficaz, también es importante reconocer el valor de las estrategias de lectura, puesto que facilitan el abordaje de textos y de este modo, se convierten en una poderosa llave que permite acceder al conocimiento y así también, a la construcción colectiva del saber.